Se despertó, se podían distinguir perfectamente las lágrimas de sus ojos, su noche había estado llena de llantos y recuerdos turbios que solo despertaban nostalgia y temor, demasiada sangre para una mente tan inocente, el muchacho contemplaba un cuidadoso vendaje que envolvía su torso con el mayor cuidado, se dispuso a incorporarse cuando se abrió la puerta de la habitación:
-Así que ya te encuentras mejor.-Decía una señora con rostro viejo, cansado, pero en el cual se podía apreciar cierto cariño.
-¿Quién es usted?, ¿Qué hago yo aquí?, ¿A qué se debe este vendaje?
-Tranquilo muchacho estas demasiado cansado, échate y descansa un poco mas, iré por comida y algo de beber, cuando llegue podrás preguntarme cuanto quieras.
Mientras la mujer hablaba con el joven se escuchaban unas voces detrás de la ventana, parecían soldados, hablaban de un ataque, un ataque a un pueblo de la zona, el muchacho aumento su atención esperando que no fuese..y así fue, aquel soldado nombro el pueblo de Aracar, a el joven le cambió la expresión sus ojos se volvieron vidriosos y solo pensó en..Su madre, salió corriendo como si no hubiera un mañana, abrió la puerta allí estaba el soldado su cara era de preocupación y temor, cara que no suele aparecer en un soldado de Storgendar ya que estos son conocidos por su bravura y valentía, el muchacho pregunto:
-¡Señor! ¡¿Dónde esta el portón de salida y a donde me dirijo para llegar a Aracar?!
El sondado no pensaba contestar, en ese momento Aracar no era un buen lugar para que los críos fuesen a jugar, pero el muchacho insistía una, y otra, y otra vez, así que el soldado pensó que como el portón estaría cerrado con un guardia vigilando no había ningún inconveniente en informar a el joven:
-Esta justo detrás de era herrería de allí, la de los dos escudos en la puerta, si piensas ir allí coge una espada- El soldado escondía una carcajada tímida y un poco burlesca.
El muchacho corrió hacia la herrería lo mas rápido que pudo cogió uno de los escudos de la puerta al que le acompañaba una espada de madera como imitación de las espadas fabricadas por el herrero, corrió hasta el portón y tal y como lo había pensado el soldado, estaba cerrado y había un vigía, el muchacho sabía que no le dejarían pasar, pero si había conseguido levantarse a pesar de su herida, no iba a pararse allí, miró los muros lo suficientemente altos como para que cuatro hombre dispuestos en forma de torre no pudieran escalarlos, se enganchó bien la espada y el escudo al vendaje y comenzó a trepar bajo la mirada atónita de todo el poblado y todas las voces que le decían "¡Cuidado!","¡Baja de ahí inconsciente que te vas a matar!", el no pensaba detenerse, ya estaba arriba solo le quedaba bajar, no le costó mucho ya que a ese lado de la muralla había un lago sobre el cual se zambulló sin pensarlo dos veces, ya estaba abajo, salió del agua y siguió el camino de tierra marcado por los carros de los comerciantes, corrió, corrió como si la vida le fuera en ello, solo pensaba en su madre, solo quería abrazarla y no soltarse de ella, su alma de guerrero la había heredado de ella.
Después de largo tiempo corriendo llego a la entrada el pueblo, las lagrimas volvieron a sus ojos, solo había cenizas, muros derribados, sangre, cadáveres, se limpió las lagrimas y corrió por última vez hasta la que era su casa.. o lo que quedaba de ella, abrió la puerta con miedo, las piernas le temblaban, quizás no estaba preparado para lo que había ahí dentro.
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